Por Modesto A. Tuñón F.
LA HUMANIDAD ha llegado a un nivel de evolución, donde tiene que replantearse su propio desarrollo y formas tanto individuales, como de políticas nacionales y globales para armonizar su relación con el entorno. La causa de esta aseveración es el cambio climático, que ahora afecta al planeta y a la propia seguridad de las diferentes sociedades.
Esta es la primera conclusión a la que llega Ricardo Sánchez Sosa, director regional para América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cuando analiza el impacto del cambio climático en el aumento de la temperatura promedio de la atmósfera y una mayor incidencia de los fenómenos extremos.
El funcionario de las Naciones Unidas aseguró que el cambio climático pone en peligro la seguridad del planeta por el incremento gradual de la temperatura, el deshielo de los glaciares y una tendencia al aumento de contingencias como inundaciones, huracanes, imprevisión del Niño y la Niña.
Estas ideas las expresó durante el foro El cambio climático en la agenda informativa de los medios de comunicación, organizado por la Maestría en Periodismo de la Universidad Católica Santa María La Antigua. Aquí presentó detallados cuadros que sustentaron sus apreciaciones.
El cambio climático es simultáneamente un proceso relacionado con el comportamiento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera y el resultado de un nivel de desarrollo asociado con el consumo de combustibles fósiles, el cambio de uso de los suelos, mal manejo de los desechos y la producción de energía.
Sánchez Sosa alertó sobre el esquema de desarrollo existente, basado en el procesamiento de combustibles fósiles, el despilfarro y a un esquema de vida caracterizado por el exceso. Aunque Centroamérica no consume en las proporciones de los países industrializados y por tanto no genera un exceso de gases de efecto invernadero, sí es vulnerable a los impactos del cambio climático, afirmó el funcionario.
Se sabe y así lo confirmó Sánchez Sosa y el documento El cambio climático en América Latina y el Caribe 2006, preparado por el PNUMA, que el efecto invernadero natural en la atmósfera de la Tierra, es sobrepasado por el impacto de la actividad humana. Sobre todo por el desperdicio y las emanaciones de gases resultantes del esquema de producción vigente.
Los principales gases que se concentran en la cúpula atmosférica son el dióxido de carbono, responsable del 60% del efecto invernadero, que surge de la quema de combustibles; el metano -producido en la agricultura y cría de ganado-; el óxido nitroso y el ozono, que sirven en la actividad industrial y los refrigerantes, se escapan y ascienden.
Pero independientemente de estas apreciaciones químicas que explican las causas del impacto climático es esclarecedor cuando se hace el análisis de los factores humanos que están detrás del nivel alcanzado en la actualidad y que obligó a establecer una Convención Internacional como el Protocolo de Kyoto, durante la década pasada.
De acuerdo con este acuerdo de los países, será necesario que las sociedades desarrolladas limiten sus emisiones a un nivel decreciente con relación a los valores existentes en 1990 en una agenda que va de 2008 a 2012.
La reciente disposición europea para frenar el ritmo de sus emanaciones y utilizar el Protocolo de Kyoto como un patrón, hacen pensar que las políticas regionales podrían contribuir en un porcentaje importante con estos objetivos.
Sin embargo, la opinión del ex viceministro cubano y ahora director regional del PNUMA para la región es que “no hay un minuto más que perder, los cambios en el clima van a afectar más a los países menos desarrollados, que son los pobres”.
En el análisis de las dinámicas productivas de la región, el diplomático considera que no hay un peso en la actividad industrial tan fuerte, sobre todo en Centroamérica, pero que la tendencia creciente hacia el cambio de uso del suelo y sobre todo la deforestación, contribuyen a acentuar los síntomas negativos. Él considera que hay que buscar vías para “detener la deforestación; es el papel que debe jugar cada país.
Pero también Sánchez apunta que “más importante que cuánto se crece, es en qué se crece”; lo que obliga a los Estados a generar políticas para vincular el cambio climático con el desarrollo. Es necesario entonces, un fortalecimiento de las instituciones que son las responsables de administrar, lo que él llama el ‘capital natural’ que requiere ser manejado con planificación y eficiencia, tanta como se hace con la hacienda pública.
Si bien es cierto que la gravedad del cambio climático y sus efectos tienen una cobertura planetaria y por tanto, corresponde a los Estados planear políticas, es una tarea que debe involucrar al conjunto de la sociedad. Es por esa razón que los comunicadores asumen un papel preponderante y de mucha responsabilidad frente a procesar información, producir conocimiento y crear condiciones para que la comunidad esté informada.
En la última parte de su exposición, Sánchez se refirió al papel de los periodistas y los medios de comunicación social. Sobre todo porque de alguna manera, la infraestructura de los medios de comunicación y sus productos referenciales están vinculados con el estilo de vida que impulsa la cultura del consumo y detrás de ellos, existe un poderoso factor de influencia de la opinión.
Por esa razón, afirma el funcionario, es menester considerar una ética del periodista y los medios de comunicación para impulsar formas de modificación de las dinámicas productivas y contribuir a revertir la tendencia hacia la insensibilidad. Por el contrario, hay que tomar partido por la verdad, sobre todo en una sociedad donde la democracia promueve la transparencia.
El foro organizado por la USMA tiene la cualidad de haber iniciado un debate en uno de los sectores profesionales de mayor impacto en la opinión pública, sobre los alcances del cambio climático y su dimensión que afecta a cada uno de los espacios de la sociedad.
Cambiar a un conglomerado nacional no es una tarea sencilla; pero los perjuicios que quedarán en las modificaciones de la naturaleza y la biodiversidad, frente a la crudeza de los fenómenos climatológicos, obligan a dedicar nuestra atención, a ser tesoneros en sensibilizar hacia la necesidad de diseñar, construir nuevos modelos de desarrollos y por tanto, a configurar un destino hacia una prosperidad más humana.
Fuente: Semblanzas, Panamá América, 25 de marzo de 2007
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